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Diabetes no es sinónimo de muerte, y la educación sobre la enfermedad es fundamental para combatirla

Estuvimos en la provincia de San Luis y aprovechamos para profundizar sobre cómo se está trabajando en aquella provincia contra la Diabetes.

Diabetes no es sinónimo de muerte, y la educación sobre la enfermedad es fundamental para combatirla

Continuando con nuestro informe sobre Diabetes que iniciáramos en la edición anterior de nuestra revista impresa (edición Nº 269 del 1º de Noviembre de 2018), y aprovechando nuestra visita a la provincia de San Luis, entrevistamos a María Daiana Barroso una joven puntana que nació hace 27 años, y que desde los 6 padece Diabetes tipo 1. También dialogamos con su madre Mónica Reinoso quien desde hace 10 años es enfermera y que participa activamente de una Asociación Civil en movimiento por la Diabetes, que oficialmente actúa desde el 2014 aunque ya trabajan hace mucho tiempo atrás de manera anónima.

El grupo dela que tanto Mónica como Daiana participan, brindan básicamente información diabetológica en las escuelas del interior de la provincia de San Luis, específicamente en el departamento Belgrano.

Allí realizan Charlas- taller sobre lo que es la Diabetes, sus  cusas y formas de prevenirla, la nutrición que debe realizar un enfermo, los controles de glucemia y la actividad física que debe efectuar para mantenerse en el mejor estado posible.

Mónica a partir del diagnóstico de su hija en 1997, vivió una odisea espeluznante, ya que ningún profesional especializado lograba establecer un tratamiento óptimo para la pequeña Daiana. Ni siquiera en el hospital de Pediatría ‘Prof. Dr. Juan Pedro Garrahan’ que es un hospital público argentino especializado en salud infantil de alta complejidad.

Por entonces, la pequeña se tenía que aplicar insulina dos o tres veces al día. A todo esto, su madre ni siquiera sabía porque a su hija no le daban pastillas, porque no tenía información precisa sobre la Diabetes, ya que a la tipo 1 se la trata directamente inyectando insulina, mientras que a la tipo 2, en principio se trata con pastillas. Sobre ese momento, Mónica recordó: “para mí fue lo peor que me podía pasar, porque yo asociaba a la diabetes con  amputación, diálisis o muerte. No sabía nada de la enfermedad, hasta que estuvimos en  un Centro de Diabetes de la provincia de Mendoza donde me enseñaron como tenían que cuidar a mi nena”.

A pesar que Daiana siempre fue lábil con su enfermedad, pero hace dos años que utiliza una bomba de insulina, que le permite llevar una vida normal. Tanto es así, que está esperando un bebé.

Cabe destacar que la bomba es un pequeño aparato que introduce pequeñas cantidades de insulina en su cuerpo todo el día gracias a un mecanismo para la infusión de insulina. Puede ayudar a gestionar mejor la necesidad de ajustar la dosis de insulina, en especial después de las comidas y durante la noche, y así contribuye a lograr un mejor control de la glucosa.

La bomba de insulina le da más libertad. Esto significa que puede comer cuando quiera, dormir tranquilamente y sin restricción los fines de semana, dormir fuera de casa y en viajes y excursiones sin preocuparse de las inyecciones y de la alimentación especial.

En conclusión, la diabetes se ha convertido en la pandemia del siglo XXI. La mayoría son casos de diabetes tipo 2 que pueden prevenirse. Saberlo a tiempo y cambiar de hábitos puede salvar tu vida. Pero si ya tienes la enfermedad, existen cuatro acciones a tener en cuenta para controlar la enfermedad. La primera: cambios en el estilo de vida (plan de alimentación y actividad física. La segunda: autocontrol por parte del paciente (control de glucosa, peso y presión arterial). La tercera: medicación (tanto medicamentos que se toman por boca como inyectables). Y la cuarta, la educación diabetológica. Destacamos, en particular, esta última porque sin ella, es decir, sin la comprensión y el entendimiento de por qué y cómo hay que cumplir con las pautas de tratamiento, las otras tres patas no se podrían mantener.

La diabetes no es una sentencia de muerte, los chequeos médicos regulares y el monitoreo de nuestro estilo de vida y alimentación son claves fundamentales en el tratamiento esta enfermedad.


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